Queride amigue, o familiar, o ser que me rodea:
Me gustaría mucho decirte palabras reconfortantes cuando expresás desprecio hacia tu cuerpo. Me gustaría, de verdad. Nos formamos en un mundo que tiene una mirada cruel, muy cruel, desde diferentes culturas y paradigmas estéticos. De hecho, es un mundo cuya mirada prioriza la estética tóxica. La estética del "no te acostumbres a quererte, que mañana te enseño de nuevo a odiarte". Es más, es un mundo cuya mirada prioriza tóxicamente el cuerpo.
Y, si yo te digo algo lindo sobre tu cuerpo, no me vas a creer. Hace rato que me ves militando una relación distinta con el cuerpo. Con el mío, especialmente. Para mí es un receptáculo que interactúa. Si lo cuido y lo mantengo sano, alcanza y sobra. Soy un ser social. Si mi receptáculo que interactúa enferma, entonces, no me vinculo. O me vinculo parcialmente. Conmigo. Con vos. Con otras personas. Con la naturaleza. Con los libros. Con las producciones audiovisuales. Etcétera.
Es una conclusión que no estuvo exenta de proceso. Pero a veces me arrebata las palabras o las deja sin sentido para vos, para ustedes. Y está bien. No siempre tengo que saber qué se dice. Aunque obviamente me encantaría. En cambio, solo sé proponer una relación como la que gestiono. Sin embargo, no todes quieren eso, no todes tienen por qué quererlo. Y lo entiendo. Pero dejo de entender muchas de las relaciones con el receptáculo que no se parecen a la mía.
No me malinterpretes. La mía no es mejor. Simplemente la gestiono y la comprendo. Otras también las gestioné y ahora no las comprendo. Hay parámetros que no tienen sentidos positivos o negativos para mí. Gorde, delgade, alte, baje, linde, horrible. Son nombres. Por supuesto, no finjo que no guardan intenciones de todo tipo, desde comerciales hasta llanamente manipuladoras. Pero sería muy feliz si, poco a poco, se desvaneciera su asfixiante peso.
No sé decir cosas "lindas" sobre tu cuerpo. Veo un receptáculo que interactúa con el mío. Veo el medio más dinámico y gracioso y adecuado para realizar una conexión mental, espiritual, comunicativa o como prefieras nombrarla. Veo un cuerpo que me escucha o me lee o, si tuvimos suerte, me abraza. Ya no genero juicios estéticos, de belleza o fealdad, mucho menos tóxicos o signados por la era de la imagen ideal y abominablemente distorsionada.
Hemos tenido muchas eras del cuerpo. Por eso lo discuto tanto a pesar de que a mí, en el fondo y en la superficie y en el más allá, no me importe. Hemos tenido muchas eras del cuerpo y estoy segura de que todes, tarde o temprano, llegan a despojarse de esas retinas contaminadas. No, no me di cuenta para siempre. A veces tengo que reaprender. Y entonces me digo y te digo cosas lindas sobre tu no cuerpo. Es más fácil, para mí, conocerlo y generar opiniones al respecto.
Suena muy místico y muy desarraigado, incluso pretencioso. Pienso que es lo contrario. No habría interés en esa conexión, ni conciencia ni reciprocidad si no tuviéramos un cuerpo que interactúe. Es un ejercicio desgastante y absurdo imaginarse fuera del receptáculo con necesidades del receptáculo. En fin, me enredé. Quiero decir: no te alejes, no te canses de mis halagos evasivos. Quizá son insuficientes, pero por eso me siento ahora y te hablo de cuerpo a cuerpo.
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