Lo importante es lo de afuera

Estamos en uno de esos tantos momentos en que nos cuestionamos todo lo que se imponía como natural. Es una suerte, en verdad, formar parte de una transición. También, es un dolor de cabeza y hay una cuota de sufrimientos por pagar. Cuestionar un sistema en el cual estamos inmerses y del cual no podemos prescindir genera muchísimas angustias y dudas. ¿Hay camino correcto? Hay muchas instancias de pensamiento que valen la pena. Hay muchas preguntas formulándose. Hay muchos caminos correctos.
Y mientras se agotan las viejas excusas y ya no hay manera de justificar las violencias, el maltrato, las injusticias, llega una pandemia a terminar de romper todo. Bueno, eso me gustaría. Lo cierto es que todavía se cometen actos y se piensan ideologías que atentan contra personas. La pandemia destapa varias ollas igualmente y deja en evidencia un montón de retrocesos. Pero me quiero concentrar en un saldo que me parece positivo porque atraviesa a todes. Sí, hay un tópico que, mal o bien, según qué tan lejos o cerca estés de los cánones, nos atraviesa a todes por existir como seres corporales.
¡El cuerpo! Accedemos al cuerpo propio y al ajeno desde los cinco sentidos. Sin embargo, solemos darle a la vista todo el protagonismo en las primeras interacciones. Así llegamos a las situaciones que ahora nos someten. El caso es que pienso que la pandemia nos encauzó hacia lo relevante: el contacto. No nos alcanzan las imágenes de cuerpos, queremos el abrazo, el aroma, los sonidos, los sabores. No nos alcanzan las imágenes de cuerpos, queremos hacer y disfrutar con ellos. No nos alcanzan las imágenes de cuerpos, queremos estar cuerpo a cuerpo. Y sí, lo importante sigue siendo lo de afuera, pero como relación interpersonal en potencia.

Hay un "Te amo" que te enfrenta a la muerte

 En el mejor de los casos, en el mundo hispanohablante, cómo te tratan, cómo te cuidan y cómo te hacen sentir te informa paulatinamente que hay dos expresiones muy similares y que, sin embargo, se terminan excluyendo en una relación paradigmática porque el sentido de una de ellas no llega a saciar la forma de la otra.

Así es. Como usuaries del castellano, crecimos en un mundo donde "Te quiero" y "Te amo" se parecen mucho, pero no equivalen. Y nos damos cuenta de que no equivalen en la interacción. Es más incomodante un "Te amo" apresurado que un "Te quiero" antes de tiempo. ¡Nos fijamos en ello! En decir esas palabras en un contexto adecuado...
Hay que tener cuidado para querer. Hay que tener mucho cuidado para amar. Son sentimientos nobles, claro, pero además son capaces de alterar a nuestres destinataries. Son capaces de alterarnos a nosotres mismes por el simple hecho de desear emitirlos. Ni hablar del hecho de estar experimentándolos, en una sociedad que, a cascotazos, nos pidió y nos pide que juguemos a las escondidas para no terminar jugando al quemado.
Jugar al quemado. En serio, qué lúdico y divertido podría ser el amor y llegamos a esa metáfora porque nos enseñaron a querer y a amar mal. Ahora jugamos a las escondidas, sigue estando mal, no tan mal, y sé que eventualmente álguienes jugarán sin lastimarse y sin ocultarse. Seguramente todes quienes vayamos cuestionando. Y seguramente las generaciones venideras. Ojalá no les hagan pensar que hay un matiz del "Te amo" que te enfrenta a la muerte.
Porque sí, no es lo mismo decirle "Te amo" a tu familia o a tus mejores amistades que decírselo a esa persona que estás eligiendo para construir una historia diferente, de paridad, de complicidad, de equipo, de la forma que sea, pero siempre distinta a la familia y la amistad y donde también quepa un poco de sensación familiar y amistosa como consecuencia de la intimidad fabricada.
Entonces, sí, está bien tenerle un respeto al "Te amo" que diremos en esa situación. No obstante, está triste y está incorrecto temerle como se le podría temer a la muerte. Hay un "Te amo", parece, creemos, pensamos, nos mostraron que te enfrenta a la muerte. Agarramos una pelota muy pesada para jugar al quemado, hay que cambiarla con urgencia. Nos pusimos a jugar a las escondidas en una casa aterradora, hay que cambiarla con urgencia. Mejor, jugar a la botellita. De a dos -en mi caso- o de a veinticinco. Y que "Te amo" nos enfrente solamente a un beso o a un corazón roto y ya no a la multifacética muerte.

Desde el cuerpo

Durante mucho tiempo pensé: ¿Por qué actualmente me complace subir imágenes no casuales en prendas reveladoras? Es decir, ¿por qué ahora tengo la costumbre de mostrar mi cuerpo? Y lo pienso y lo pregunto porque anteriormente no lo hacía.

En primera instancia, porque está sano y lo disfruto. Pero hace muchísimo tiempo que está sano y lo disfruto y hace relativamente poco que ese goce traspasa mi intimidad. ¿Por qué?

Está sano, lo disfruto y su belleza no es hegemónica. Sí, ya sé: el hecho de que otros seres lo encuentren atractivo no lo aleja tanto de la hegemonía. Sin embargo, en todas las medidas me excedo (no voy a detallar), aunque todas las partes guarden proporción (excepto los pies).

Quienes me hayan escuchado contar anécdotas acerca del tema saben que entre los 12 y los 16 viví en cierta inconsciencia del cuerpo, como yo la llamo. Procuraba mantenerlo sano, pero no lo cuidaba ni pensaba en su aspecto con relación al mundo exterior. Pensar en la liberación me llevó consecuentemente a pensar en mi cuerpo con relación al canon. Eso jamás implicó modificarlo porque, desde entonces, he estado en contra de medir la belleza según un criterio consensuado. Quienes han hablado conmigo del asunto saben que ni siquiera percibo la belleza como una cualidad de la materia (sí, soy el meme de Adam Driver).

En cuanto supe que mi cuerpo excedía el canon y en cuanto supe cuánto valor podía llegar a adquirir su visibilización, decidí usarlo como portavoz de la diversificación. Siento el derecho, incluso si me manejo dentro del (horrible) sistema actual. Esto no va a durar para siempre. Los cuerpos están diseñados para moverse y yo lo muevo mucho. Eventualmente, se va a parecer más a la norma. O no, porque no pienso sacrificar mi complexión natural en pos de una imagen que no existe, que está mal y que todavía pretende imponerse.

Desde esa idea, se han popularizado varios cánones como reacción a un canon unificado. Está bien emitir el mensaje de que la variedad es lo real, pero está mal caer en nuevos estereotipos. Sobre todo, por el trasfondo: la industria de la belleza. Toda delimitación habilita un mercado. Y este ha sido especialmente cruel con nuestras mentes.

Entonces, mi cuerpo es mi voz en tanto y en cuanto no se acerque demasiado a la hegemonía. Cuando eso suceda, si alguna vez sucede, habrá una pausa. Una pausa que durará hasta que todes se vean representades en la imagen pública. O, mejor, hasta que no haya imagen pública. Sí, mi mente es inquieta y genera anhelos utópicos, pero desear y militar desde algún lugar me acercan más a realizar. Obviamente, no puedo sola. La manera en que me muevo en redes sociales es siempre una invitación para que se muevan conmigo de la manera en que ustedes quieran hacia un objetivo común.

Hay muchos frentes en este sistema contra los cuales luchar vehementemente. Hay que trabajar desde la superficie hasta la raíz. Y nos vamos a enredar mucho antes de llegar a, pero es muy necesario. Ahora hablo de un molde y no es la mayor opresión que estamos sufriendo, pero es una de las que más temprano nos hace notar la mirada ajena.