Crecer a lo ancho y no a lo largo, ganar grasa y carne a los once años son situaciones que generaron muchos comentarios ajenos. Comentarios despectivos, por supuesto. Estamos en sociedades que endiosan la delgadez con curvas sexualizables. De verdad, quería ser invisible para que no me anden pesando.
No me dijeron gordademierda, pero lo pensaron, estoy segura. Deben pensarlo todavía porque me animo a marcar o directamente mostrar mi cintura sin tener un peso y una forma estrictamente hegemónicas. No me dijeron gordademierda, pero me rechazaron por gorda y me sugirieron cuidarme con las comidas.
¿Cómo les digo a otres que no les afecte un gordademierda, si yo misma le tenía tanto temor? ¿Cómo les digo a otres que no les afecte, si lloraba porque quería que mi cuerpo gordo fuera una mentira o una verdad pasajera? ¿Cómo les digo a otres que no les afecte, si lo dicen para lastimar?
Estoy cansada de la gordofobia. Estoy harta de que gorda sea un adjetivo insultante y peyorativo. Estoy indignada de que en trece años no haya cambiado nada y castiguen a alguien con un gordademierda por sentirse bien y sacarse fotos con poca ropa o presumiendo su propio cuerpo.
Me da muchas ganas de llorar ver mis cicatrices desperdigadas en las experiencias de gente que es más joven que yo porque lleva muchísimo trabajo amigarse con una misma cuando una no es delgada o canónica. Sobre todo, lloro de impotencia porque no puedo amigar a nadie consigo misme.