Hola, linda. ¿Te acompaño?

Estoy harta. De verdad, me siento saturada. Sé que me canso con muy poco, pero en serio pienso que la actitud ante la más mínima desubicación tiene que ser el hartazgo. Al menos soy libre de fastidiarme por lo que se me antoje. Y de repente se me antoja fastidiarme porque los comentarios no solicitados me hacen creerme menos libre.
Que los varones (cis, heterosexuales, etcétera) ejerzan el poder sobre nosotres de forma grosera, naturalizada y violenta no es una novedad. Pero que se esté sabiendo y que otres también se estén quejando no reduce mi sensación de asco y de vulnerabilidad cada vez que pasa algo.
La pandemia y su respectivo confinamiento me dieron una seguridad irreal: obligada a permanecer en casa, me ahorro escuchar un montón de comentarios que escucharía andando en la calle y de temer un montón de circunstancias que temería andando en la calle.
Y sí. Lo estoy pensando desde el privilegio. No convivo con gente que me violente. Estoy a salvo en casa y en la calle experimento miedo, enojo, duda. Y todas esas sensaciones se transforman lentamente en un prejuicio: prefiero alejarme de los varones extraños, prefiero no tomar un taxi, prefiero no confiar.
Es bastante peculiar este prejuicio. Históricamente el grupo que concibe prejuicios es quien hará daño al grupo prejuzgado. En cambio, yo prejuzgo para que no me hagan daño a mí. Me importan mi integridad física y mental y la de todes mis hermanes.
¿La existencia de ese prejuicio de todos modos daña al grupo juzgado? Claro que sí. Y también me daña a mí. No es divertido temer. No es divertido calcular que en una pelea de uno a una podría salir airosa, pero que si me interceptan entre cinco ya no voy a poder y que debería poder porque para eso practico un arte marcial. Es más: no tendría que asumir que para eso practico un arte marcial. De hecho, no es solamente para eso, pero la posibilidad está.
Y la posibilidad se encarna en interacciones indeseadas. Noche. Caminata. Una vereda que se hace estrecha porque hay una salida de subte. Poca gente. Un sujeto aprovecha todas esas ventajas e impunemente dice: Hola, linda. ¿Te acompaño? Me habría encantado responderle que me acompañe al día de su muerte. La calle a veces me pone prudente y me pide que no siempre reaccione porque desconozco la recepción de mi respuesta.
Está mal que no quiera ni siquiera mostrarme de igual a igual porque eso podría empeorar el asunto. Está mal que tenga que sufrir en silencio y avanzar, rezando para que no me persigan. Está mal que se subestimen estos miedos porque no llegaron a un plano físico. La vulnerabilidad no es exclusivamente física. Las palabras vulneran y dan testimonio de poder.
Estoy harta. Me duele ir restringiendo mis libertades con el objetivo de volver sana y salva a mi hogar. Me duele saber que otres transitan estas mismas reflexiones y unas mucho peores. Y todos los relatos que haya en el medio. Me duele estar segura de que, aunque restrinja mis libertades para cuidar de mí, las estadísticas no me garanticen nada. Duele mucho y encarcela y desgasta y mata. Pero al menos soy libre de fastidiarme por ello.

Activar aura coqueta

Muchas lecciones sobre el amor o las relaciones sexoafectivas las aprendí jugando a "Los Sims". Y creo que, de hecho, me terminó convenciendo más su modelo de coqueteos que los que observaba y observo en la realidad social.
No importa cuán hegemónique diseñes a tu Sim. Importa que realices las interacciones adecuadas para llamar la atención de otre/s Sim/s. Si ligás antes de entrar en confianza o confesás atracción muy pronto, el asunto puede arruinarse.
Insisto y voy a insistir mucho: el aspecto físico de tu Sim no tiene relevancia para que guste más o menos. Las protagonistas son las habilidades sociales y los rituales: primero, hay que entablar conversación amistosa; luego, hay que ganar seguridad; finalmente, se puede hincar el diente.
Siempre y cuando dos o más Sims sean adultes o jóvenes adultes, es decir, mayores de edad, pueden interactuar de forma romántica. Les adolescentes pueden seducirse entre sí, pero no está permitido que "les hagan ojitos" a les adultes ni que sean persuadides por elles.
Lo anterior significa que tampoco hay restricciones de género. Recuerdo que desde "Los Sims 2" no la hay. Me falla la memoria sobre el primer juego, pero asumo que era la misma situación. Todavía deben incorporar una mirada no binarista, pero vamos a darle "la derecha".
En el juego base, el sexo está limitado por la edad: requiere la responsabilidad de une adulte; les adolescentes no hacen ñiqui ñiqui. Además, "ir a por un bebé" es una decisión que se toma; no es un accidente.
"Hacer ñiqui ñiqui" excede las fronteras morales y se presenta como una oportunidad traviesa en arbustos, jacuzzi, cabinas de fotografía, cuartito del telescopio y demás locaciones. El juego habilita la infidelidad y vínculos informales, noviazgos y matrimonios. No hay, en cambio, posibilidad de amarse en tríos, poligamias, polinoviazgos o poliamantazgos.
Las infidelidades se perdonan si le Sim infiel se esfuerza para ser perdonade. Tiene que mostrarse arrepentide y amorose con su pareja para ganarse de nuevo su cariño y que eventualmente el globito de pensamientos deje de acusarle y reprocharle el error cometido.
Al menos en "Los Sims 4", les personajes preexistentes se resisten a gestionar coqueteos si ya están casades. Pero activando un aura emocional coqueta se puede derribar ese dique. Y después de lograr una relación clandestina se puede reclamar que abandone a su espose. O no.
En resumen, es un mundo que en varios elementos enseña una dinámica sexoafectiva muy sana, metafísica y hermosa, pero que en otras cuestiones sigue pareciéndose a la distópica realidad donde decir la verdad es mejor opción y no suele elegirse con la frecuencia más considerada, empática y respetuosa.