Y mientras se agotan las viejas excusas y ya no hay manera de justificar las violencias, el maltrato, las injusticias, llega una pandemia a terminar de romper todo. Bueno, eso me gustaría. Lo cierto es que todavía se cometen actos y se piensan ideologías que atentan contra personas. La pandemia destapa varias ollas igualmente y deja en evidencia un montón de retrocesos. Pero me quiero concentrar en un saldo que me parece positivo porque atraviesa a todes. Sí, hay un tópico que, mal o bien, según qué tan lejos o cerca estés de los cánones, nos atraviesa a todes por existir como seres corporales.
¡El cuerpo! Accedemos al cuerpo propio y al ajeno desde los cinco sentidos. Sin embargo, solemos darle a la vista todo el protagonismo en las primeras interacciones. Así llegamos a las situaciones que ahora nos someten. El caso es que pienso que la pandemia nos encauzó hacia lo relevante: el contacto. No nos alcanzan las imágenes de cuerpos, queremos el abrazo, el aroma, los sonidos, los sabores. No nos alcanzan las imágenes de cuerpos, queremos hacer y disfrutar con ellos. No nos alcanzan las imágenes de cuerpos, queremos estar cuerpo a cuerpo. Y sí, lo importante sigue siendo lo de afuera, pero como relación interpersonal en potencia.
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