Durante mucho tiempo pensé: ¿Por qué actualmente me complace subir imágenes no casuales en prendas reveladoras? Es decir, ¿por qué ahora tengo la costumbre de mostrar mi cuerpo? Y lo pienso y lo pregunto porque anteriormente no lo hacía.
En primera instancia, porque está sano y lo disfruto. Pero hace muchísimo tiempo que está sano y lo disfruto y hace relativamente poco que ese goce traspasa mi intimidad. ¿Por qué?
Está sano, lo disfruto y su belleza no es hegemónica. Sí, ya sé: el hecho de que otros seres lo encuentren atractivo no lo aleja tanto de la hegemonía. Sin embargo, en todas las medidas me excedo (no voy a detallar), aunque todas las partes guarden proporción (excepto los pies).
Quienes me hayan escuchado contar anécdotas acerca del tema saben que entre los 12 y los 16 viví en cierta inconsciencia del cuerpo, como yo la llamo. Procuraba mantenerlo sano, pero no lo cuidaba ni pensaba en su aspecto con relación al mundo exterior. Pensar en la liberación me llevó consecuentemente a pensar en mi cuerpo con relación al canon. Eso jamás implicó modificarlo porque, desde entonces, he estado en contra de medir la belleza según un criterio consensuado. Quienes han hablado conmigo del asunto saben que ni siquiera percibo la belleza como una cualidad de la materia (sí, soy el meme de Adam Driver).
En cuanto supe que mi cuerpo excedía el canon y en cuanto supe cuánto valor podía llegar a adquirir su visibilización, decidí usarlo como portavoz de la diversificación. Siento el derecho, incluso si me manejo dentro del (horrible) sistema actual. Esto no va a durar para siempre. Los cuerpos están diseñados para moverse y yo lo muevo mucho. Eventualmente, se va a parecer más a la norma. O no, porque no pienso sacrificar mi complexión natural en pos de una imagen que no existe, que está mal y que todavía pretende imponerse.
Desde esa idea, se han popularizado varios cánones como reacción a un canon unificado. Está bien emitir el mensaje de que la variedad es lo real, pero está mal caer en nuevos estereotipos. Sobre todo, por el trasfondo: la industria de la belleza. Toda delimitación habilita un mercado. Y este ha sido especialmente cruel con nuestras mentes.
Entonces, mi cuerpo es mi voz en tanto y en cuanto no se acerque demasiado a la hegemonía. Cuando eso suceda, si alguna vez sucede, habrá una pausa. Una pausa que durará hasta que todes se vean representades en la imagen pública. O, mejor, hasta que no haya imagen pública. Sí, mi mente es inquieta y genera anhelos utópicos, pero desear y militar desde algún lugar me acercan más a realizar. Obviamente, no puedo sola. La manera en que me muevo en redes sociales es siempre una invitación para que se muevan conmigo de la manera en que ustedes quieran hacia un objetivo común.
Hay muchos frentes en este sistema contra los cuales luchar vehementemente. Hay que trabajar desde la superficie hasta la raíz. Y nos vamos a enredar mucho antes de llegar a, pero es muy necesario. Ahora hablo de un molde y no es la mayor opresión que estamos sufriendo, pero es una de las que más temprano nos hace notar la mirada ajena.
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