Mucho palabrerío
Cada dos semanas llego. Leamos juntes, digo. Me gusta leer con elles. La lectura colectiva es mucho más interesante que la lectura a solas. Él hace algo desubicado y yo le pregunto si se quiere ir. Me responde que no. Es mentira, pero no se va. Me frustro. Seguimos leyendo. No sé si saben que estamos degustando párrafos rebeldes. Tupí or not tupí, expresa un manifiesto y condensa mi ideología favorita. Es divertido, creo que se nota que me divierto escuchando o leyendo en voz alta. Terminamos de leer. Estoy delante de habitaciones que lucen los mismos uniformes. ¿Y quiénes habitan? Las ideas. Pero cuando pregunto por esas ideas, se esconden, no quieren salir, se intimidan. Me frustro. Mucho palabrerío, como siempre, declara alguien. Uf, la humanidad es simbólica y, sobre todo, lingüística. No podemos huirles a las palabras. Mucho palabrerío es el resumen de la experiencia humana, pero vociferarlo con desdén no es rebelde ni mordaz. La rebeldía contra alguien que no te oprime es infértil. Me sigo frustrando. Hace poco escribía que ya no se emiten versos vanos. El mundo es otra habitación, pero con las puertas mal puestas y con las ventanas rotas. En un contexto así, emitir un solo verso o mucho palabrerío nos permite hacer ficción. ¡Y cómo necesitamos la ficción! Yo la necesito, por eso vengo acá y hago invitaciones constantes a la lectura (de textos, de personas, de acontecimientos, de interacciones) y la manifestación. No sé si elles saben que, pasado el umbral, pocas veces alguien que tenga más "poder" va a pensar y a decirles que sus voces son valiosas y que quiere escucharlas. Ojalá sepan. Ojalá no se frustren.
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