Sabemos que Emma y Norman tienen una vida feliz hasta que descubren el secreto de la casa: son ganado humano destinado a la alimentación de demonios. Una vez que conocen su destino, esa vida feliz deviene en mera supervivencia.
Prometo que así se percibe mi propia vida: una supervivencia. Yo sé que una parte de ustedes me va a tildar de paranoica y exagerada por la comparación, pero... Sigan leyendo y habiten por un momento mis zapatos, zapatos de mujer de 24 años.
Una vez que conocemos noticias de que une niñe fue abusade, una mujer fue asesinada, una chica fue violada, nos damos cuenta de que la realidad es amenazante.
Cuando Emma y sus compas escapan de la "granja", se encuentran con un mundo hostil, habitado por demonios que los quieren comer. Solamente obtienen algo de paz cuando se hacen de algún refugio, lejos de los pueblos donde residen les come-hombres.
En mi caso, salgo a una calle que, en el mejor de los escenarios, en ciertos horarios y zonas es sumamente peligrosa. Y tengo el privilegio de que mi casa sea un refugio seguro donde puedo relajarme. Y de todos modos está la opción de que tiren abajo la puerta e irrumpan en mi burbuja.
Así es... Tanto Emma y sus compas como yo nos movemos en tensión constante. Hay que estar alerta, hay que desconfiar de todo, hay que tomar precauciones, hay que prever los peores escenarios posibles. Suena demencial y lo es. En su contexto y en el mío, no está permitido bajar la guardia.
Todo el tiempo que pasamos "afuera", entendemos que alguien acecha. Y, detrás de esa amenaza latente, hay un sistema que la posibilita, la permite y la aprueba.
Emma y sus compas salen con armas y con entrenamiento a cuestas. Planifican sus salidas y reducen tanto como pueden los riesgos o las exposiciones.
También yo. Contra mi voluntad, pienso dos veces cada instancia: qué llevo, qué no llevo, qué me pongo, qué no me pongo, las llaves tienen que estar a mano, es mejor portar el "perfumito", los paraguas son aliados aunque no llueva. Y sé que son paliativos, que esas precauciones no tienen sentido, que no tendría que aceptar esa posición. Me enoja mucho.
Cuando Emma y sus compas se reúnen con Yuugo, él les da una advertencia: que no les avisten les come-hombres; si les ven, están acabades. Y sí, yo también tomo decisiones que me hagan menos visible.
¿Cómo puedo tener el inconsolable registro de que experimento las mismas sensaciones que las jóvenes víctimas de una distopía totalmente fantasiosa? ¿Cómo puede ser, escribiendo en febrero de 2021?
¿Sabés qué más pasa? Hay demonios que no comen humanes. Son detractores del sistema. ¡Y se esfuerzan por ganarse la confianza de elles, por demostrarles que son diferentes! Es decir, hacen algo no solo para modificar su imagen y la percepción de ella, sino además la realidad. No se sientan cómodamente a tipear #NotAllDemonios.
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