Habitante

Soy habitante de un cuerpo desobediente. Me dicen: No andes sola, ponete más ropa, tené cuidado. Las miradas podridas y sumisas me acusan de que me expongo. Soy habitante del vértigo que da saber que mi libertad termina donde empieza la perversidad del otro. Sí, del otro. No de las otras o de les otres.
Soy habitante de un estereotipo sexualizado. Me dicen: Es normal que llames la atención. Las voces podridas y sumisas me acusan de que llamo la atención. Soy habitante de la paradoja que provoca tener que optar entre mi libertad y mi vida. El otro amenaza mi integridad. Su conducta todavía aparenta normalidad ante un sistema cómplice.
Soy habitante de un hartazgo rabioso. Me dicen: No es para tanto, deberías sentirte halagada, ahora todo es violencia y acoso. Las alianzas podridas y sumisas me acusan de que me cansé demasiado rápido. Soy habitante de un cansacio colectivo que no quiere volver a callarse. El otro abusa de los silencios. Quien insiste normalizando otorga.
Soy habitante de mí y quiero ser una habitante más de las calles. Calles donde por fin el otro se calle ante mi presencia peregrina. Calles donde por fin la podredumbre y la sumisión también se callen. Calles donde no me calle yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario